Los recortes en sanidad siguen costando vidas

Llegué a casa de mis padres sobre las 00:45, vi que mi padre estaba mal, yo al día siguiente tenía que madrugar para poder ir a trabajar, mi tía, que parecía estar a cargo de la situación me dijo que me fuera a descansar, que hacía 10 minutos que había llamado al 112 y que estarían a punto de llegar.

Mi padre cada vez estaba peor, estaba sufriendo un infarto, a las 00:55 oí como mi tía volvía a llamar al 112 y grité que mi padre se estaba muriendo, que vinieran rápido que era un infarto. Gritaba y gritaba que llegara ya la ambulancia. Mi padre estaba sentado en su sillón asfixiándose, no podíamos moverle del sillón debido a su obesidad. No sabía qué hacer y llamé a mi mejor amigo y vecino Javi, él fue el que colocó a mi padre en posición de seguridad, le puso el oxígeno que utilizaba mi padre para dormir y le controló las pulsaciones hasta que a la 1:15 llegó la policía y más tarde el SUMMA, 40 minutos después de que mi tía llamase por primera vez.

El personal del SUMMA nos dijo que no habían podido llegar antes ya que debido a los recortes en sanidad habían retirado dos de las tres UVIS móviles que daban servicio en Alcorcón. Ellos hicieron bien su trabajo, pero si hubieran llegado mucho antes quizás mi padre no hubiera muerto.

Ya no podemos hacer nada por él, pero sí por el resto de personas que necesitan asistencia médica ya que todo se está privatizando. Quizás con la muerte de mi padre podemos unirnos y ayudarnos unos a otros. Le conocía bien, era mi padre, mi amigo y mi camarada. Él hubiera hecho cualquier cosa por los demás, por ayudar siempre. Hasta siempre Gregorio Naranjo Fernández, querido papá.

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