Viernes 5 de Julio 19:30. Escuela de marxismo: Las crisis cíclicas.

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La lucha de clases como motor de la historia.

En la primera sesión de este ciclo de la escuela popular de marxismo estudiamos que las ideas provienen de la práctica social, fundamentalmente de los 3 tipos principales de práctica social: La lucha por la producción, la lucha por la experimentación científica y la lucha de clases.

En la segunda sesión estudiamos el materialismo dialectico, que parte de que nada de lo que existe es algo absoluto sino que son procesos de cambio sujetos a transformación constante. Que la base de ese cambio es la unidad de contrarios existente en todo lo que forma el universo y su motor la lucha entre esos contrarios, es decir cada cosa es la lucha entre lo que es ahora y lo que será en un futuro y por tanto cada cosa encierra dentro de sí misma las condiciones para convertirse en otra, en su contrario, lo que será cuando deje de ser lo que es.

En esta tercera sesión vamos a estudiar el manifiesto comunista que comienza diciendo que “Toda la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases”.

Es decir, la sociedad en los tiempos históricos (no en la prehistoria) se ha encontrado siempre dividida en una serie de estamentos, de clases. Pero la sociedad en ninguna de las etapas históricas ha sido algo absoluto y terminado. Por el contrario y como todo lo que forma el universo es un proceso de cambio, de transformación. La base de esa transformación es la unidad de contrarios existente en la sociedad, las clases que la forman. El motor de ese cambio es la lucha entre esos contrarios, la lucha entre la clase que caracteriza a la sociedad como lo que es ahora y la clase que tiene las características de la sociedad futura, de la sociedad que será cuando deje de ser la que es ahora. El motor de la historia es la lucha de clases.

La lucha de clases como práctica social.

Al mismo tiempo, como vimos en la primera sesión, la lucha de clases es una práctica social y de ella provienen multitud de ideas. De ella provienen las ideas características de la sociedad vigente pero también las ideas revolucionarias que anuncian la sociedad futura.

En el manifiesto Marx y Engles exponen el papel de la burguesía y sus ideas como revolucionarias frente a la sociedad feudal, como “los medios de producción y de transporte sobre los cuales se desarrolló la burguesía brotaron en el seno de la sociedad feudal.  Cuando estos medios de transporte y de producción alcanzaron una determinada fase en su desarrollo, resultó que las condiciones en que la sociedad feudal producía y comerciaba, la organización feudal de la agricultura y la manufactura, en una palabra, el régimen feudal de la propiedad, no correspondían ya al estado progresivo de las fuerzas productivas.  Obstruían la producción en vez de fomentarla. Se habían convertido en otras tantas trabas para su desenvolvimiento.  Era menester hacerlas saltar, y saltaron.” La sociedad feudal encerraba dentro de sí misma el germen de su contrario y en el momento que el desarrollo de la lucha de clases lo permitió se transformó de sociedad feudal en sociedad burguesa, de feudalismo a capitalismo.

Todas las ideas propias de las revoluciones burguesas (libertad, igualdad, fraternidad, nación) eran fruto de la lucha de la burguesía contra las estructuras de poder de la sociedad feudal y “Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constitución política y social a ella adecuada, en la que se revelaba ya la hegemonía económica y política de la clase burguesa.”

Las crisis cíclicas

Pero la sociedad burguesa, la sociedad capitalista también es un proceso de cambio y encierra dentro de sí misma las condiciones para transformarse en una sociedad nueva. El motor de ese cambio es la lucha entre la burguesía y la nueva clase, el proletariado.

“Las condiciones de producción y de cambio de la burguesía, el régimen burgués de la propiedad, la moderna sociedad burguesa, que ha sabido hacer brotar como por encanto tan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerda al brujo impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró.  Desde hace varias décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de las modernas fuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente de producción, contra el régimen de la propiedad, donde residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía.”

El desarrollo de la sociedad burguesa, choca con el régimen de propiedad burgués, con la propia sociedad burguesa. La tendencia natural del capitalismo es romper el régimen de propiedad burgués y alcanzar un mayor grado de socialización de la producción, el socialismo. Pero mientras el desarrollo de la lucha de clases no alcance el grado necesario para la transformación en una sociedad nueva, el desarrollo de la sociedad burguesa se retrotraerá produciendo una crisis cíclica:

“Basta mencionar las crisis comerciales, cuya periódica reiteración supone un peligro cada vez mayor para la existencia de la sociedad burguesa toda. Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes.  En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmado, sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer. ¿Y todo por qué?  Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio.  Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen, que embaraza su desarrollo.  Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazan dar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía?  De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos.  Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas.

Las armas con que la burguesía derribó al feudalismo se vuelven ahora contra ella.”

Y así con cada crisis el capitalismo nos recuerda la máxima de Rosa Luxemburgo: “Socialismo o barbarie”.

El próximo viernes 5 de julio a las 19:30 en la tercera clase de la escuela popular de marxismo de Alcorcón (CSan Blas Nº 1), profundizaremos en la crisis de 2008, el manifiesto comunista y la herramienta que supone a la hora de encontrar una salida a la crisis de acuerdo a los intereses de la mayoría.

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