El gobierno amenaza y se pone de lado de los bancos.

 

@LuisMadrod- El gobierno quiere hacernos creer que está del lado de las personas y no de los bancos pero, como buenos guardianes del sistema capitalista, no van a permitir ninguna política en la que se vea perjudicado al sector bancario.

Así nos lo hacía saber el ministro De Guindos con sus declaraciones de esta mañana en la sesión de control del Congreso de los Diputados. “En Andalucía no se volverán a dar hipotecas”

De Guindos congreso

¿Qué hay de malo en sancionar con una multa al banco que no ponga sus pisos VACÍOS en régimen de alquiler social? A priori,  es mejor eso que tenerlos vacíos sin generar ningún tipo de rédito, pero las consecuencias que se esconden detrás de la apertura del parque de viviendas en régimen de alquiler social tendría a priori, efectos negativos para las cuentas de resultados de los bancos.

Por un lado, una reducción de la demanda de compra de pisos. Al permitirles tener cerrado este parque de viviendas los bancos mantienen el precio a niveles de la burbuja inmobiliaria. Al abrir el parque de viviendas en régimen de alquiler social, las personas optarían en primera instancia por suscribir este alquiler en lugar de optar por la compra. Por este motivo, el sector bancario teme una reducción en la demanda de compra de pisos (ya de por sí en niveles mínimos) porque para darles salida, tendrían que reducir el precio de los inmuebles que a día de hoy, se están sosteniendo artificalmente altos gracias al proteccionismo del que disfrutan los bancos. Este proteccionismo, en forma de rescate, les está salvando de asumir las pérdidas provenientes de productos financieros complejos fundamentados en las hipotecas concedidas. Estos productos financieros son la tremenda deuda privada que el sector bancario, pricipalmente Cajas de Ahorro incurrió en la época de eufória, en plena burbuja financiera.

Es decir, los principales interesados en no reducir el precio de la vivienda son los bancos endeudados quienes además han sabido endosar esta duda al Estado a través de los diferentes programas de rescate, véase el FAAF, el FROB y el recientemente creado banco malo, SAREB.

Por otro lado, una mejora de la oferta inmobiliaria. ¿Qué hay de malo en que el precio de la vivienda descienda? Eso implicaría pérdidas a la banca o menores beneficios y ante este escenario, el gobierno se agarra a la estrategia de la amenaza y el miedo afirmando que “en Andalucía no se volverán a dar hipotecas”, lo cual es rotundamente falso. Abrir el parque de viviendas vacías y ponerlas en régimen de alquiler social,  implicaría un aumento de la oferta inmobiliaria adecuándola a las posibilidades de los demandantes de vivienda. Para dar salida a esta cantidad ingente de pisos tendrían que aplicar una reducción en su precio de compra, así como realizar una adaptación de sus productos haciédolos más atractivos mediante la incorporación de la dación en pago en las futuras hipotecas.

…y claro, es a esto a lo que tienen miedo; a retroceder los precios a niveles anteriores a la burbuja inmobiliaria que son los niveles a los que la capacidad adquisitiva de los españoles podría alcanzar.

El miedo a dejar de disfrutar privilegios que les permiten tener derechos por encima de las necesidades de las personas. El miedo a que se reforme la ley hipotecaria y que tengan que asumir ellos la responsabilidad de los abusos que han cometido durante todos los años de esplendor de la burbuja, les empuja a amenazar a la población con frases como “en Andalucía no se volverán a dar hipotecas” o “se va a paralizar el sector de la construcción y eso traerá más paro”. Afortunadamente, a estas alturas de la crisis, sabemos que no son los bancos los que salvarán al país, ni tampoco la activación de la construcción porque son estos sectores precisamente los que nos han llevado a esta situación económica.

Ahora es el momento de confiar en las personas, de defender los derechos fundamentales y no retroceder ni un paso en este camino frente a los intereses de la clase dominante. Es el momento de crear unidad popular para luchar por la justicia social y exigir que las políticas se adapten a las necesidades de las personas y no al revés. Es el momento de afirmar con rotundidad que no tenemos miedo, que no vamos a permitir que nos sigan tratando como fichas de un Monopoly cuyo tablero hace tiempo que ellos mismos se encargaron de romper.

 

 

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