Feminismo: Elmentos para un debate

Clara Zetkin
Clara Zetkin

 Leyendo algunos artículos supuestamente feministas de algún periódico local, como mujer y como marxista, no debo por menos que exponer cómo desde mi posición de mujer y comunista no puedo estar de acuerdo con esas tesis.

    La opresión sobre la mujer comenzó en la prehistoria con la monogamia, con la concepción de la “propiedad privada” y de la “herencia vía paterna”; cuando el hombre tenía que guardar y controlar a la mujer para asegurarse la “línea de herencia”, esto significa que el hombre quería asegurarse de que los hijos que concebía “su mujer”, eran realmente suyos, de él. Pensamiento y práctica que dura hasta nuestros tiempos, dando lugar a la concepción de “familia”.

    Esta visión histórica ya la explica F. Engels en su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”:

“… El primer enfrentamiento de clase que se produce en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en el matrimonio monógamo, y la primera opresión de clase coincide con la del sexo femenino por el masculino. Históricamente el matrimonio monógamo constituye un gran paso hacia delante, pero sin embargo, junto con la esclavitud y la propiedad privada, abre un periodo, que ha durado hasta nuestros día…,  que cada paso hacia delante es también, en términos relativos un paso hacia atrás, en el que la prosperidad y el desarrollo de unos se ha ganado a costa de la miseria y frustración de otros. El matrimonio monógamo es la forma celular de la sociedad civilizada en la que puede verse ya la naturaleza de los enfrentamientos y contradicciones que actúan de lleno en dicha sociedad…”

    El feminismo no se trata de una lucha de mujeres contra hombres. Se trata de luchar contra el pensamiento machista y patriarcal arraigado durante siglos en todo tipo de sociedades, un pensamiento que, desarrollado por los hombres, fue impuesto a las mujeres sin que éstas lo cuestionaran, siendo totalmente asumido por nosotras, hasta el siglo XIX, como algo cotidiano y natural. Ese pensamiento machista es el pensamiento dominante de toda la sociedad, incluso de una inmensa mayoría de mujeres.

    No se trata tampoco de seguir defendiendo hoy en día, el feminismo burgués que se abanderaba en las décadas de los 60´ y 70´ y gracias al cual miles de mujeres  consiguieron importantes reivindicaciones y su plasmación en leyes que nos permiten estar en igualdad –formal- de condiciones que el hombre. Incluso estas leyes nos permite llegar al poder como, por ejemplo, la canciller alemana Angela Merkel, modelo de “emancipación” y de mujer con la que no me siento de ningún modo identificada.

    Se puede afirmar sin miedo a equivocarse que los derechos formales burgueses de la mujer, ya han sido conseguidos satisfactoriamente, pero quedan pendientes nuestros derechos verdaderamente revolucionarios, nuestra verdadera emancipación: nuestros derechos como mujeres trabajadoras no dependientes del hombre a incorporarse igualitariamente al proceso productivo.

     Tampoco se trata –menos aún- de defender el pseudo-feminismo liberal y frívolo de las burguesitas, que cambia las reuniones de Avon o Tupper-ware, por las parafernalias de sex-shop, como si se tratara de que la “industria masturbatoria” fuera “la verdadera esencia” de la lucha por la feminidad anti-masculina. ¡¡Puaff…!! Este pseudo-feminismo “tan divertido” resulta totalmente ofensivo para todas aquellas mujeres que aún hoy en día sufren maltrato doméstico, vejaciones, discriminación laboral y abuso de poder por parte del Estado, sus jueces y su policía.

    Es necesaria una revolución para cambiar el sistema económico, pero no suficiente para la total emancipación de la mujer. Debe ser una revolución que cambie la forma de manifestarse de toda la sociedad, transformando profundamente el sistema de valores. La revolución debe desarrollarse eliminando la “responsabilidad” del trabajo doméstico que históricamente se ha hecho recaer sobre la mujer. Siglos de opresión quizás no se eliminen simplemente con decretos revolucionarios, “la igualdad frente a la ley” tiene que significar “igualdad frente a la vida”. No sólo es necesaria una revolución en la infraestructura (lo económico), sino también una revolución en la superestructura (cultura, costumbres, etc),  para crear “un hombre nuevo y una mujer nueva” liberándose, así, ambos géneros del machismo que les subyuga. La historia nos demuestra que, incluso en un sistema revolucionario, esta visión machista del mundo puede seguir vigente. Por todo esto, las mujeres tenemos el derecho y el deber de incidir en que la revolución socialista vaya paralela a los derechos, libertades y necesidades de la mujer y no dar por hecho que el socialismo emancipará por sí mismo a la mujer. Esto será posible siempre y cuando las mujeres abanderen y velen por ese socialismo, y dejemos de ser las “proletarias del los proletarios”. Un proceso revolucionario que debe ser paralelo y que sólo las mujeres, con nuestra participación, podremos conseguir que esto se desarrolle así.

    Esta concepción del feminismo y de la revolución fue compartida por Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo (fundadoras del Partido Comunista Alemán), Alejandra Kollontai (ministra bolchevique) y por muchas otras mujeres combativas y ejemplares.

 

Natividad Sánchez Risco

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