Gestación subrogada: Patriarcado 2.0

La familia romana

No existe consenso entre la comunidad científica sobre la forma de sociedad que existió en la Prehistoria. Los estudios de Morgan, Bachofen o Marine Weber indican que antes de la aparición de las formas de propiedad privada la organización social humana era muy diferente a la que existió después. La necesidad de los hombres de garantizar la legitimidad de aquellos que heredarían sus propiedades tras su muerte dio lugar a la sociedad patriarcal propia de la Edad clásica. Una sociedad patriarcal que antes no existía. Pero es algo que solo podemos intuir o interpretar a través de lo que conocemos de las sociedades primitivas.

Lo que sí conocemos bien, a través de la legislación de las polis griegas y del derecho romano, es la sociedad patriarcal desarrollada bajo el esclavismo. Bajo estas leyes que llamaban democracia y libertad a formas de Estado basadas en la esclavitud, la familia no podía sino construirse bajo relaciones esclavistas. El pater familias es el propietario de las tierras, el ganado, los esclavos, la mujer y los hijos. Todos ellos formaban parte de su patrimonio. El contrato bajo el que una mujer dejaba de ser propiedad del pater de su familia y pasaba a serlo del de su marido se llamaba matrimonio y recibió ese nombre porque su función no era otra que regular quién era propietario de la mujer, pero concretamente de la parte del cuerpo de las mujeres que los hombres necesitaban poseer para garantizar la legitimidad de sus herederos: su matriz.

Sin embargo, la sociedad no permaneció así. La esclavitud fue sucedida por el feudalismo y la servidumbre. La propiedad dejó de ser una cuestión privada y empezó a ser una cuestión de Estado, pues era una necesidad política que el propietario de cada feudo, cada ducado, cada condado o cada reino tuviera descendencia. Y así la heterosexualidad impuesta se convirtió en una norma más del patriarcado que regulaba y sigue regulando la herencia, la perpetuación de la propiedad privada. El patriarcado se convirtió en heteropatriarcado. Por supuesto habrá quien piense que esto fue debido a la religión, pero las religiones dominantes en Europa y Asia establecían multitud de pecados y solo aquellos que oprimían la libertad sexual eran penados con la muerte. En muchos países aún lo siguen siendo.

De nuevo la sociedad no permaneció así. La burguesía gestada en las ciudades se impuso a los señores feudales, revolucionando con ello todas las relaciones de producción y propiedad. No obstante, el patriarcado se conservó. La propiedad del hombre sobre la mujer o, mejor dicho, sobre la matriz de la mujer a través del matrimonio seguía siendo la única manera de garantizarse herederos legítimos. Poco a poco fue despojándose al matrimonio y a la familia de sus envoltorios medievales. Pero siguió siendo fundamentalmente una forma de regular el patrimonio, especialmente su herencia. Esto tenía que seguir apoyándose en una forma legal heredada a lo largo de los siglos para regular la propiedad de los hombres sobre la matriz de las mujeres. El matrimonio, aunque bajo nuevas formas más libres y más igualitarias, sigue sin ser una expresión de amor. Era, es y será siempre una forma de regular la propiedad y la herencia, heredada de los esclavistas de Grecia y Roma.

La burguesía reemplazó las relaciones de esclavitud y servidumbre por la nueva forma de explotación del trabajo asalariado. Y, como no podía ser otra manera, nos presenta una nueva relación para que los hombres se apropien de la matriz de las mujeres, aunque sin el romanticismo medieval ni la relación de propiedad de por vida característica del esclavismo. La nueva forma de apropiación es una relación capitalista, de compra-venta.

Así, como decía el Manifiesto comunista: la burguesía ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones familiares, y las redujo a simples relaciones de dinero (…). Las declamaciones burguesas sobre la familia y la educación, sobre los dulces lazos que unen a los padres con sus hijos, resultan más repugnantes a medida que la gran industria destruye todo vínculo de familia para el proletario y transforma a los niños en simples artículos de comercio.

Algunas personas claman a favor de esta nueva forma de apropiarse de la matriz de una mujer en nombre la libertad de esa mujer a disponer de su cuerpo. Solo defienden la libertad de quien quiere comprar la matriz de esa mujer para disponer del cuerpo de esa mujer. La gestación subrogada, gestación por sustitución o cualquier otro eufemismo con el que nos refiramos al alquiler de vientres, ha quitado el velo sentimental que recubría las relaciones familiares para dejar a la vista relaciones económicas, en las que, como siempre, quien paga manda. Ante el rechazo de las organizaciones y colectivos que luchan por la libertad de la mujer, intentan volver a recubrir un negocio de los sentimentalismos y deseos de paternidad.

No es nada novedoso. A las modernas formas de explotación del trabajo tarde o temprano debían corresponderse modernas formas de propiedad sobre las mujeres. Los explotadores llevan miles de años levantando su sociedad sobre estos dos fundamentos. No es nada novedoso tampoco que quienes repudiamos la explotación les sigamos haciendo frente.

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