La corrupción en el movimiento obrero y de izquierdas se llama traición de clase

Corría el año 1954. Nikita Jruchev al frente de la URSS había formulado su teoría del “Estado de todo el pueblo” negando la existencia de clases y por tanto la lucha de clases en el primer Estado socialista. Tras ella llegarían otras tantas como la coexistencia pacífica con los países capitalistas. En este marco el presidente de la URSS viajaba a Pekín para reunirse con el presidente de la República popular de China, Mao Tse-Tung. El comité central del Partido Comunista Chino había remitido sendas cartas señalando que lo que Jruchev estaba haciendo bajo el nombre de desestalinización no era otra cosa que transformar el Estado proletario soviético en un Estado burgués en el que nueva burguesía gestada entorno a las altas esferas del Estado y del Partido había arrebatado el poder a la clase obrera soviética.

Cuentan que en aquella reunión Jruchev le espetó a Mao: “Lo que nos diferencia es que yo soy de familia obrera, mientras que usted es de origen burgués”. Mao asintió y le respondió: “Eso es lo que nos diferencia. Lo que tenemos en común es que ambos hemos traicionado a nuestra clase”.

La clave de la posición de Mao, tal y como él desarrollaría después, es que en torno al Estado, aun bajo la dictadura del proletariado, se gesta una burguesía burocrática. Una burguesía que dispone de la propiedad, no jurídica pero sí real, sobre los medios de producción estatales. Esta burguesía gestiona estos medios en beneficio propio y lucha por arrebatarle el poder al proletariado dentro del Estado y del Partido.

Esto mismo es lo que ocurre cuando desde el movimiento obrero y de izquierdas se habla de corrupción, a otra escala y bajo otras condiciones. Quien promueve esto bajo el capitalismo son los propios capitalistas. Los capitalistas intentan comprarlo todo, las conciencias también. Pero esto no es escusa ni motivo para no situar las cosas en su sitio.

Cualquier “corrupto” entre las filas del movimiento obrero y de izquierdas es un traidor a su clase. Está es al menos la posición que se corresponde con los comunistas. Y si existen dudas sobre la gestión de presupuestos y empresas públicas realizada por cuadros del movimiento obrero y la izquierda, como está ocurriendo en Rivas con la EMV o en Alcorcón con las subvenciones a la UGT los comunistas siempre debemos exigir luz y taquígrafos y luchas contra cualquier oscurantismo que quiera arrojarse sobre el tema. Y por supuesto no debe consentirse ninguna maniobra para deshacerse de quienes piden claridad sobre estos asuntos, como está ocurriendo en Rivas, o como ocurrió en su día en IU en Alcorcón cuando desde la dirección local se intentó expulsar a quienes pedían que se aclarase la deuda que se mantenía con Hacienda.

Como decía Lenin las cuentas del Estado han de ser tan claras y sencillas que pueda comprenderlas una cocinera. Así que las cuentas claras y los ”corruptos”, si los hay, que dimitan y si no dimiten que sean destituidos y denunciados como lo que son: traidores. Traidores que no deben volver a ser admitidos en sus órganos sin una autocrítica pública aceptada colectivamente y tras haber repuesto el daño causado al pueblo, a y a su organización.

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