La tarea de la que depende el desarrollo y triunfo de la revolución

10850033_1506877612920013_1211542309978842126_ndante_w .- Desde el mismo momento en que el capitalismo hizo irrupción en la escena de la Historia, multitud de teorías, de pensamientos, de ideas y de organizaciones le han declarado la guerra.

Sin embargo no todas ellas eran de carácter progresista. Muchas de ellas eran de carácter conservador, de hecho las primeras formas de “anticapitalismo” fueron reaccionarias, y no podía ser de otra manera ya que expresaban el interés de las clases que se oponían al capitalismo porque este acababa con sus privilegios y su forma de vida tradicional. Aparecieron así el  socialismo feudal y el socialismo pequeñoburgués que pugnaban por el regreso a los antiguos concejos comunales, a la pequeña producción del pequeño artesano y el pequeño labriego, a la pequeña propiedad y a las pequeñas libertades de las que disfrutaban las clases libres en la edad Media y que el capitalismo desde sus inicios comenzó a barrer del mapa.

Después aparecieron las formas de socialismo o anticapitalismo conservador. Aquellas organizaciones sociales y políticas que tienen como objetivo cambiar tales o cuales leyes, reformar tales o cuales relaciones económicas,para acabar con los excesos y atropeyos que el capitalismo comete por su propia naturaleza depredadora. Poner fin a la corrupción, al paro, a la destrucción del medio ambiente, al maltrato de los animales… pero todo ello sin tocar la base el capitalismo, sin acabar con la separación entre la clase que posee el capital y los vendedores de fuerza de trabajo. Para los socialistas o anticapitalistas conservadores basta con modificar la ley electoral, hacer una buena reforma fiscal para que paguen los ricos  y ajustar unos cuantos parámetros aquí y allá para dar a luz un capitalismo que se convierta en el mejor de los sistemas posibles, es decir liberar al capitalismo de las luchas entre explotadores y explotados que están destinadas a darle fin. Es por esto que Carlos Marx y Federico Engles les dieron ese nombre “socialistas conservadores”, pues no aspiran más que a conservar el capitalismo.

Todos estos socialismos reaccionarios y conservadores fueron barridos casi en su totalidad junto con buena parte de los socialismos utópicos con la irrupción del socialismo científico, la ideología marxista. Pero pronto estos pensamientos se reprodujeron en el seno de los partidos marxistas, dando lugar a lo que Lenin denominó revisionismo y calificó como el “enemigo más venenoso de la revolución”. Lo que hoy conocemos como socialdemocracia.

Y Lenin y su tercera internacional barrieron de nuevo estos socialismos conservadores y reaccionarios que habían aprendido a presentarse bajo una apariencia marxista.

Y sin embargo hoy estos socialismos vuelven a campar a sus anchas, dentro y fuera de los partidos marxistas. Quienes los defienden se toman el lujo de presentarlos como algo nuevo, es más, nos dicen casi mofándose, que si los marxistas fracasamos en nuestros modernos intentos por acabar con el capitalismo es porque no hemos sabido seguir estos “modernos” o “posmodernos” pensamientos quedándonos en nuestro anticuado pensamiento marxista. Poco les importa que su pensamiento surgiera casi 200 años antes que el nuestro en los propios inicios del capitalismo.

Es justamente al contrario. Si fracasamos en nuestros modernos intentos por acabar con el capitalismo es por conciliar y eludir permanentemente la confrontación ideológica con quienes defienden este tipo de pensamientos dentro y fuera del Partido.

El Partido, el Partido revolucionario de la clase obrera. Ese partido revolucionario creado sobre la teoría revolucionaria marxista-leninista y en el estilo revolucionario marxista-leninista. Ese partido que sepa integrar la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución en su propio país.

Ese partido revolucionario que sepa ligar estrechamente la dirección con las amplias masas populares. Que pueda defender la verdad y corregir los errores y que sepa hacer crítica y autocrítica.

Mientras ese Partido no sea tal, sino un partido reformista burgués;  un partido revisionista; Si no es un partido de vanguardia del proletariado, sino un partido que va a la retaguardia de las teorías y pensamientos de los “socialistas” burgueses conservadores y reaccionarios fracasaremos… fracasaremos irremediablemente. Y nos veremos con nuestra clase arrastrados por la corriente del pensamiento dominante, mientras no acometamos decididamente la principal tarea de la que depende el desarrollo y triunfo de la revolución: la reconstrucción del Partido Comunista.

 

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