Nuestra suerte debe ser la de la clase trabajadora

Pasionaria Marcelino Camacho y el Che Guevara no hubieran estado esta mañana en tertulias televisivas o pensando sólo en elecciones. Hubieran estado tratando de evitar el desahucio de una madre con sus dos hijos. Hubieran permanecido mojándose, recibiendo golpes y empujones por parte de la policía, corriendo siempre la misma suerte que el pueblo. Esto les hizo inmortales no bonitas flores de un día.

En los tiempos actuales en los que se vende en el mercado de abastos de los medios de comunicación  lo simple, lo fácil, hay que mantener sin complejos nuestra propia forma de ser, pensar y actuar.  Vamos despacio porque vamos lejos. Nuestro objetivo no deben ser sin más unas elecciones y unas encuestas  pues caeríamos en la dialéctica burguesa de la vía electoral como única posibilidad de cambio y revolución.

Ya lo dijo Lenin, nuestra suerte debe ser  la de la clase trabajadora, y esta  no está solo en los platós de televisión y en los consejos de administración de bancos y sí en los desahucios, en las oficinas del INEM, CIES  y otros muchos sitios donde se desangra nuestra gente . Es ahí donde se constituye nuestra fuerza, la fuerza de un pueblo que no se resigna a perder sin haber dicho la última palabra.

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