República Popular: Por la paz, la democracia, la soberanía nacional y el derecho de autodeterminación de los pueblos.

“Se acusa también a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad.

Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Mas, por cuanto el proletariado debe en primer lugar conquistar el Poder político, elevarse a la condición de clase dirigente de la nación, constituirse en nación, todavía es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido burgués.” (Karl Marx y Friedrich Engels: Manifiesto del Partido Comunista)

Convocatoria de la manifestación republicana del 6 de diciembre en Madrid

El papel histórico al que está llamada la clase obrera es a poner fin a la explotación de unos seres humanos por otros, a poner fin a las clases sociales y a poner fin a los enfrentamientos nacionales, a acabar con las fronteras. La lucha del proletariado es internacionalista, porque no existe contradicción alguna entre los intereses la clase obrera de las diferentes naciones. Más en tanto que la primera tarea para cumplir ese papel histórico es la toma del Poder político, la clase obrera de cada nación debe en primer lugar convertirse en la clase dirigente de su nación. Las obreras y los obreros no tienen patria, pero han de conquistarla, convertirse en la clase dirigente de la nación.

Pero para poder convertirse en la clase dirigente de la nación, la clase obrera necesita un proyecto nacional, un proyecto de patria. Un proyecto que en realidades nacionales como la española se presenta a veces demasiado complejo porque no se comprenden en profundidad las diferentes contradicciones que recorren la presente etapa de la revolución en nuestro país en lo referente a la cuestión nacional.

La primera de estas contradicciones, en torno a la cual se ordena el resto, es la contradicción que existe entre el proyecto nacional de la oligarquía española y la lucha del proletariado por convertirse en clase dirigente.

La derrota de las fuerzas populares en la guerra civil española, guerra que el Partido Comunista de España calificó como guerra nacional revolucionaria, supuso la derrota de las fuerzas revolucionarias en la II República española frente las potencias imperialistas más agresivas de Europa en aquel momento, (Alemania e Italia) y sus aliados dentro de las fuerzas reaccionarias del país. El proyecto del régimen franquista para España en aquel momento era convertirla en un satélite de las denominadas potencias del eje. Pero la derrota del fascismo en la II Guerra Mundial obligó a la oligarquía financiera y terrateniente española a dar un giro de 180º en sus relaciones de alianza y dependencia con el capital financiero internacional.

Convocatoria del PCE en el exilio contra la instalación de las bases norteamericanas en España

Con la firma de los pactos de Madrid en 1953 y la instalación de las bases norteamericanas en España, comenzó la actual etapa de alianza y dependencia de la oligarquía española con el capital monopolista yanqui. Una dependencia que se haría extensiva al resto de países europeos a través del programa de reconstrucción europea, o Plan Marshall y que en países como España ha ido agudizándose a lo largo de los años. La entrada en la OTAN, los programas de desindustrialización impuestos a través de los tratados de Maastricht o la más reciente reforma del artículo 135 de la constitución, han ido mostrando que el proyecto nacional de la oligarquía española para nuestro país es el de ser una economía cada vez más dependiente de las grandes potencias europeas y EEUU, y un peón para la defensa de los intereses geoestratégicos de estas potencias. Garantizar la imposición de los intereses de las grandes potencias imperialistas a nuestro pueblo es el objetivo fundamental del actual régimen de monarquía parlamentaria, el régimen del 78.

Este carácter proimperialista y vendepatrias del proyecto nacional de la oligarquía española une la lucha por la independencia y la soberanía nacional a la lucha de la clase obrera en su tarea por convertirse en clase dirigente de la nación. Dado que este proyecto es el ADN de la monarquía española y el régimen del 78, la lucha por la república está unida a la lucha por la independencia nacional y a la lucha revolucionaria de la clase obrera.

Pero esta contradicción, que no es sino la forma concreta en la que se da en nuestro país la contradicción internacional entre el imperialismo y los pueblos del mundo, actúa sobre la base de otras contradicciones fundamentales para comprender la cuestión nacional española.

El proyecto nacional de la oligarquía española se construye sobre la base de negar la realidad nacional de Cataluña, Euskadi y Galicia, promoviendo una política de confrontación nacional entre los diferentes pueblos hispánicos. Un enfrentamiento que solo beneficia a quienes quieren someter a la clase obrera de las diferentes naciones del Estado a los proyectos de explotación del capital financiero internacional. Por el contrario la concepción de la cuestión nacional de la clase obrera se basa en el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos como un derecho inalienable.

Existen en Cataluña, Euskadi y Galicia organizaciones que proponen al pueblo de sus naciones conquistar su independencia de la mano de las grandes potencias imperialista, consiguiendo su apoyo para la república catalana. Quienes plantean esto de forma honrada se equivocan al pensar que una alianza con las potencias europeas pueda traer la independencia para las naciones oprimidas. Joan Comorera, el histórico dirigente del PSUC, sintetizó esta realidad en pocas líneas:

“La separación por la separación no resuelve el problema nacional, porque la continuidad del imperialismo comporta la opresión nacional, progresiva, incluso de aquellas naciones que un día fueron independientes y soberanas.”

La lucha del pueblo catalán por su independencia no podrá triunfar mientras quienes dirijan fíen su éxito al apoyo por parte de los grandes centros de poder mundial y si triunfase  en base a estos apoyos podríamos hablar de la secesión de Cataluña, pero no de la conquista de su independencia y soberanía como nación, sino de un proyecto proimperialista y vendepatrias como el de la oligarquía española. Hasta el propio Puigdemont parece haberse dado cuenta de que la defensa de la soberanía nacional catalana pasa por cuestionar las relaciones imperialistas que impone la Unión Europea.

El propio Comorera explicaba esta contradicción así hace 77 años.

«Cataluña es una nación. Pero Cataluña no puede aislarse. La tesis de que Cataluña puede resolver su problema nacional como un caso particular, desentendiéndose y hasta en oposición al problema general del imperialismo y de la lucha del proletariado, es reaccionaria. Por este camino se va a la exageración negativa de las peculiaridades nacionales, a un nacionalismo local obtuso. ¡Por este camino no se va hacia la liberación social y nacional, sino a una mayor opresión y vejación! (…) Por tanto, camaradas, el camino a seguir para Cataluña no ofrece dudas. Únicamente la República Popular de España dirigida por la clase obrera permitirá a Cataluña el pleno y libre ejercicio de su derecho de autodeterminación. Únicamente la República Popular de España dirigida por la clase obrera, garantizará el respeto estricto y absoluto a la expresión de su voluntad soberana. (…) Y esta República Popular dirigida por la clase obrera, sólo la podrá conseguir Cataluña luchando en fraternal unión con los otros pueblos hispánicos». (Joan Comorera; Contra la guerra imperialista y por la liberación social y nacional de Cataluña, 1940)

Cartel de la Junta Estatal Repúblicana para la manifestación del 6 de diciembre de 2017 en Madrid

Plantear la lucha por la república, la lucha por la soberanía de España frente al imperialismo, la lucha por el derecho de autodeterminación de Cataluña, Galicia o Euskadi y la lucha de la clase obrera como 4 luchas separadas, o  que se corresponden a diferentes etapas de la revolución es reaccionario. No se trata de luchar primero por la república y después por el socialismo o primero por la autodeterminación de las naciones oprimidas y después por el socialismo, o primero el socialismo y después la autodeterminación. La lucha contra el régimen del 78, la lucha por la independencia nacional y la lucha de Cataluña, Galicia y Euskadi a decidir su futuro, son inseparables en nuestro país de la lucha de clase obrera por convertirse en clase dirigente de la nación, porque sólo la unidad de la clase obrera y las clases populares de todos los pueblos hispánicos, puede crear la correlación de fuerzas necesaria para que el proyecto proimperialista y vendepatrias de la oligarquía española pueda ser derrotado.

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