El inmortal legado de Quino

Esta semana nos ha dejado el humorista gráfico Argentino Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino, famoso internacionalmente principalmente por ser el creador de una de las tiras humorísticas más conocidas del mundo: Malfada.

Unos de los primeros libros que recuerdo que me regalaron de niño fue “10 años con Mafalda”, un recopilatorio de las viñetas su famoso personaje. Me lo compró mi madre porque me veía siempre ojeando los tomos originales del comic que había en casa de mis abuelos.

Lo leí y lo releí durante años. Lo que me sorprendió fue descubrir que aquellas viñetas con las que tanto me reía comentándolas con mi madre y de las que tanto había aprendido se habían publicado décadas antes de que yo naciera.

Aunque el legado de Quino es mucho más que Mafalda, a través de ella, Quino me enseñó muchas cosas, sobre todo una forma particular de ver el mundo. Un mundo en el que la libertad es “chiquita” como Libertad, la amiga de Mafalda o que la burocracia es lenta como Burocracia, su tortuga. Un mundo en el que la porra de la policía sirve para abollar ideologías y en el que las personas, aunque sean niños como los personajes de las viñetas, tienen un punto de vista diferente ante la realidad en función del lugar que ocupan en la sociedad, y mientras unos sueñan con un mundo donde las bibliotecas sean más importantes que los bancos, para otros eso es un extremismo y se emocionan al ver crecer los precios como quien ve crecer a un hijo.

Pero para mi la principal enseñanza que Quino nos dejó en Mafalda es la necesidad de hacerse preguntas. Preguntas concretas, como ¿Por qué la vida que uno se gana trabajando, tiene que desperdiciarla trabajando para ganarse la vida? ¿Qué han hecho los países del sur para merecer a ciertos países del norte? O si no será que la vida moderna tiene más de moderna que de vida. Pero sobre todo la necesidad de cuestionarnos por qué funciona así el mundo.

La virtud del legado de Quino es que las preguntas que se hace Mafalda sigue siendo necesario hacérselas hoy en día, y de igual manera que aunque aquel libro que me regalo mi madre recopilaba viñetas que empezaron a publicarse en 1964, para mi eran completamente actuales si un niño o no tan niño las lee en 2020 puede identificarse con su actitud crítica ante el mundo y aprender de sus preguntas y reflexiones. Por eso Quino es de esas personas que, aunque su muerte nos pese a millones, en realidad es inmortal.

Email Facebook Twitter