KARL MARX, 202 AÑOS DESPUÉS

Fco. JAVIER GONZÁLEZ ./. Tal día como hoy, hace 202 años, nació en Tréveris Karl Marx, probablemente el pensador más influyente de los últimos tres siglos. No hubo campo en que Marx se adentrara y no lograra fructíferos resultados: desde la jurisprudencia hasta las matemáticas, desde la lingüística hasta la filosofía. Pero si hubiera de destacarse uno solo de los logros con que Marx hizo época; si hay un avance que supone una ruptura cualitativa respecto de todo la tradición anterior de pensamiento, ese sería el de la aplicación del método materialista y de la dialéctica al estudio de la historia. Y si solo se pudiera usar una frase para explicar el funcionamiento del método y sintetizar sus resultados , sería aquella del prólogo de su gran obra, El Capital, que dice así:

“Yo concibo el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso natural”.

A primera vista, puede no parecer un gran descubrimiento. La percepción cambia, sin embargo, a poco que se profundice. En primer lugar, natural se entiende aquí como independiente de la subjetividad y voluntad humana individual; segundo, todo lo natural implica un desarrollo que va del nacimiento a la muerte y que pasa por una serie de fases intermedias. Recordemos en este punto la concepción que la intelectualidad burguesa y liberal tenía en época de Marx de lo que llamamos “sociedad” : la “sociedad” es fruto de un acuerdo colectivo y consciente con vistas a realizar determinados fines, imposibles a escala individual. Se hace evidente que la idea fundamental de Marx socavaba hasta las raíces esta pequeña fábula infantil. Pero, ¿cómo llegó Marx a esta idea fundamental? Como decía uno de sus seguidores más aventajados “lo hizo destacando de los diversos campos de la vida de la sociedad el de la economía, destacando de todas las relaciones sociales las relaciones de producción, por ser las fundamentales, las primarias, las que forman las condiciones materiales de vida y, en consecuencia, las que determinan el modo en que se desarrollan y transforman todas las demás”.

Marx demostró con este hallazgo que toda la historia de la humanidad, hasta hoy, gira en torno al proceso de trabajo y las relaciones de propiedad sobre los medios que son su condición y los productos que son su consecuencia. Así fue como llegó no solo al concepto científico de clases sociales, sino a la certeza de que ellas se encuentran en una lucha y antagonismo permanente por la prevalencia de sus intereses como clase. La historia humana se reveló, pues, como la historia de la lucha de clases. Todas las abigarradas luchas políticas, en consecuencia, solo giraron en torno al poder social y político de unas u otras clases; por parte de las clases viejas, para conservar el poder, por parte de las nuevas, para conquistarlo.

Otro de los grandes descubrimientos de Marx, que de por sí ya justificaría una vida de estudio, fue el haber puesto definitivamente en claro la relación que mediaba entre el capital y el trabajo; en otros términos, en haber demostrado cómo se opera, en el marco de la sociedad capitalista, la explotación del trabajador por parte del poseedor de capital. Desde que se supo que el trabajo es la fuente de toda riqueza, era inevitable preguntarse: ¿cómo casa esto con el hecho de que el/la trabajadora no reciba la suma total de valor que su trabajo genera, sino que tenga que ceder la parte del león al capitalista que lo/la emplea? Fue Marx quien dio nuevamente con la solución al exponer de forma científica que la fuerza de trabajo humana, la capacidad de trabajar que todo ser humano lleva en sí, es una mercancía que se vende al capitalista y que es capaz de generar un valor superior al que ella misma posee y que viene expresado en el salario, o lo que es lo mismo: que genera un plusvalor. Marx fue el primero en exponer cómo ese plusvalor se divide en la parte dedicada a ampliar la escala de la explotación laboral y en la parte que constituye el fondo básico del que emanan todas las riquezas de las clases que no trabajan. Así se comprobó que el enriquecimiento de las clases capitalistas consiste en la apropiación del trabajo ajeno no retribuido y esto es tan cierto hoy como en el momento en que Marx lo escribió.

Pero si todos estos estos hallazgos teóricos han sido y son hoy las más potentes herramientas de transformación que posee la clase trabajadora mundial y no quedaron, como un juego escolástico, entre los muros de la academia, es porque, como dijo Engels ante la tumba de su amigo, “Marx era ante todo un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista, […] contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quien él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación […]: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos”.

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